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LA NIEBLA VERDE

Hola, os quiero presentar la nueva novela que en estos días me edita la EDITORIAL AMARANTE. Confío en que despierte interés y, sobre todo, os guste a quienes la leáis. Agradeceremos naturalmente los comentarios y las observaciones al respecto. También estaré dispuesto a aclarar cuantas dudas o preguntas se me quieran hacer con relación a la trama principal y al otro argumento paralelo que se desarrolla en el texto y pretende actuar como eje sustentador de la novela; por cierto que éste argumento paralelo, está basado en un hecho histórico. Y ya no digo más…

E.J. de Lara

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LA DERIVA DE LOS ICEBERGS

LA DERIVA DE LOS ICEBERGS

Enrique J. de Lara

editorial CARPE NOCTEM 2018 (262 páginas)

Francisco Campos es uno de los socios fundadores y el único comercial de una pequeña empresa dedicada a la venta de paneles solares. El inicio de la crisis se suma, para él, a otra crisis más personal: la de su matrimonio.
Acosado por una existencia que parece haber perdido repentinamente su sentido, Paco sueña con dejar atrás su antigua vida y embarcarse en un pesquero. Su objetivo no es otro que el de conseguir ver icebergs, esas enormes masas de hielo que pueden llegar a alcanzar zonas cálidas del atlántico y en cuya deriva sin rumbo el comercial cree ver un espejo de su existencia.

 

«La deriva de los icebergs es una novela en la que el paisaje de la costa gallega se convierte en un protagonista más con sus personajes sin rumbo, a los que las corrientes del océano lleva a unirse o separarse, en esta metáfora sobre la soledad del hombre contemporáneo y sobre los lazos personales como el mejor timón para evitar la deriva existencial.»

cuaderno austral (16):pasajes rosarinos II

Rosario horizontal y vertical…

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ciudad de rosario (dos)

Una oblicua tarde de soles rosarinos,

sin sueño, transpirada, calurosa,

emplomada, desmedida, desaconsejable

como lo es cualquier mala compañía;

una tarde, insisto, me dejé llevar,

cándido, por un elíptico errar.

Era verano, enero, hemisferio austral.

Yo venía del otro enero,

de un Madrid de frío.

Absorto, posiblemente idiotizado,

como haría cualquier desplazado

añoré mi identidad.

¿Por qué no estoy allí?…

Efecto de viajero, supongo pensar así.

Una tarde de soles oblicuos,

de ardientes calles y jardines atorrados,

de feroz canícula, me dejé atraer

por un museo abandonado a la modernidad.

Su arte (o lo que fuera que allí hubiere)

se mimetizaba entre un conserje dormido,

un supuesto coordinador, un visitante

accidental, que era yo, y una araña

despreocupada paseando de sala en sala.

Constituíamos un paisaje de olvido

en el que nadie reparaba en nadie.

Y así, aquejado de mal sentir,

ignorado como jamás, escapé de allí.

Efecto de viajero, supongo pensar así.

Una oblicua tarde de soles rosarinos,

 emponzoñado por el delirio fantaseé.

Mas recapitulé enseguida:

¿Dónde se oculta el lastre? Dónde el pesar.

¿Y si aquéllos no existen… qué?

Entonces obviemos, recapitulemos;

me dije queriendo rellenar el vacío,

concluir con mi errar austral.

Y en aquellas, desperté: deliraba,

sudaba una triste pesadilla

de invierno madrileño. Supe,

que maquillaba el presente y que, fijado

para siempre, perdura lo pasado.

Efecto de viajero, supongo pensar así.

cuaderno austral (15): pasajes rosarinos I

Ciudad de interior y ficcional…

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pasajes rosarinos I

(lejos no, ¿o quizá sí?)

Ciudad interior, de ribera, de Pampa.

No es una ciudad cercana; siento,

más bien, que se aleja de sí misma,

que hace por rechazarse como ciudad.

Y el caso es que posee amplias avenidas,

y un racional trazado en cuadrícula

que, para que ocultarlo, me insatisface

por exagerar las distancias.

Eso sí, la ciudad del interior posee

el mayor de los ríos, dicen los rosarinos;

un Paraná dominante, pero sin embargo

simbólico, ignorante de fondeaderos,

de los barcos que lo surcan. Contémplolo

y mi cabeza piensa en las parábolas

que pergeñan naciones, naciones que,

al dilatarse, se diluyen en sus símbolos.

Ciudad de interior y ficcional

(que me disculpen los rosarinos),

sedimento del gran dominador Paraná,

ilusión estragada en la llanura, que aquél

cartografía con dedos de lodo azulado,

para que sus retoños tracen cuadrículas,

localicen plazas, calles y jardines

en cuyo centro erigir estandartes.

Ciudad de interior. Periférica

Rosario, sometida parcela

de una historia desconocida,

aquí traída por quienes inventan

la iconografía de quien coloniza;

y por ello, cómplice de sí misma.

¡Ironías! Y yo que vengo a hallarte

y puede, solo puede, que ya no estés.

cuaderno austral (14): son tres

Concluye el arcano, llegar es así.

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son tres

Terminal de Retiro; uno,

aguarda el ómnibus; dos,

que rasgará la Pampa; tres.

¡Cien kilómetros por hora!

Comparto trayecto, comparto

horizonte, comparto llanuras,

convergen miradas ausentes

de noche. Opaco paisaje

que aplana el silencio. Y…

Ciudad de Rosario; uno,

provincia de Santa Fe; dos,

nos recibe el andén; tres.

Final acotado de un viaje.

¡Qué nada deseo saber!

 Mas…: y allá… ¿Cómo fue?

Sondea expectante la voz.

¡Todo bien, genial! ¿Y vos?

Contesta uno a tres. Y dos…

Testigo de encuentros

que la distancia reúne.

Concluye el arcano, llegar es así,

 lo mismo siempre. Por tanto,

habla tres: en el momento justo,

aguarda la cena. Se lo repiensa

uno, mas por fin subraya:

mesa, familia, aunar, horizonte;

la Pampa rasgada. Y dos acallada.

cuaderno austral (13): taxis-puerto madero-río

…nocturnidad en la gran urbe de taxi, puerto, río…

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taxis-puerto madero-río

La madrugada arrastra hacia el río

miríadas de turistas,

taxis, mosquitos de fondeadero.

Un viajero contempla:

herrumbrosos esqueletos,

el asomo de pecios olvidados

y a su lado una esbelta goleta,

o el yate de un magnate, que cena

en un local de Puerto Madero.

¿Taxi, señor? No, gracias, todavía no.

En otra dársena, justo en frente,

se hacinan y dormitan los “remís.”

Parece que así, juntos, en hileras,

acomodan mejor su vigilia

y entre tanto, soslayan además

acechos incómodos, ajenas

sombras y algún prorrogativo,

de paseante que simula ser viajero.

¡Almas de Puerto Madero!

¿Taxi, señor? Y sí, ahora sí.

cuaderno austral (12): taxis de buenos aires

Circulan deprisa; sueños de Boca y River…

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taxis de buenos aires

Dicen que en Buenos Aires,

ciudad de sol además de “buen aire”,

pululan, holgazanean, acechan, laburan…,

cincuenta mil taxis.

Dicen que en enero, verano austral,

los cincuenta mil aires, taxistas,

escapan, como tantos corporativistas,

a Mar de Plata, Pinamar, Cariló…

Y la ciudad de las grandes avenidas

se desnuda de algunos aires, que no de sol,

se desnuda de rivalidad sectaria, de River

¡No! de Boca ¡No! del Barsa ¡Che!

Mas tampoco es del todo así; porque Baires

jamás cierra por vacaciones.

De pronto, cincuenta mil cortazarianos,

perseguidores fluyendo, confluyendo, yendo,

viniendo, llegándose, llevándome,

proponiendo itinerarios,

arriba y abajo de la gran urbe,

de River: sol, de Boca: aire, de Barsa ¡che!

Y los cincuenta mil doctos, entrenadores

de otras tantas propuestas e inquietudes,

relevándose, trenzando su estrategia.

-¿Hotel mengano? ¿En cruce de tal con cual?

-Sí, allí.

-¡Ok! Lo conozco.

-¡Listo!

-¡Va!

firmas en la librería GAZTAMBIDE el 20-11-2020

Firma con pequeño regalo…

Hola El día 20/11/2020 tal y como indica el cartel de EDITORIAL AMARANTE, estaré firmando (SOLO FIRMA, no es posible realizar presentación) ejemplares de mi última novela en la librería Gaztambide entre las 18.30h y las 20:00h.Para quienes se animen a comprar ejemplares de la novela se incluirá un pequeño regalo.E.J.

cuaderno austral (11): la boca y el camino

Camino del Caminito, camino de caminantes…

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la boca y el camino

(Camino del Caminito, camino de caminantes…)

Camino del Caminito, remezcla

de transeúntes de cielo gris.

¡Y alegres! afirma uno.

E impropios señala otro.

Apropiados pienso yo, sustantivos

de esta calzada lustrada,

por el obsequio de un cielo

que rediseña adoquines,

que a las casas colorea

adecentando fachadas,

espejando sus ventanas,

entreabriendo las puertas

del caminito de todos.

Refluye el camino, arrastrando

extraviados sentires, abocetando

con su herrumbre el legado

de un tren que ya no existe.

Caminito de caminantes

que antaño, emigrantes,

fueron por fin deglutidos

por esa madre insaciable

llamada Pampa, madre que ahora

devuelve su fruto;

así lo recita el tanguista:

Camino del Caminito, corazón

del país que acogió, que adorna

y espeja de sustantivo color

descubriéndose al turista.

Y todo lo escenifica, el sudor

de dos cuerpos, dos danzantes

retorciéndose al son de una guitarra,

y de una voz y de un bandoneón.

Percibo que son, embajadores

de mi turbación austral,

representantes del cielo

que me ha traído hasta aquí.

Camino del Caminito,

que al fondo de un estuario

existe un mar enfermado,

pretérito, sedimentado en La Boca.

Todo pasado la tiene: boca

con hambre, y culo, y luego hedor,

y a veces, de nuevo color.

Quería venir hasta aquí,

Camino del Caminito.

cuaderno austral (10): san telmo y el reloj

…bajo un damero de plumbagina…

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san telmo y el reloj

De pronto se precipitó el cielo;

como un damero desmenuzándose,

cuadrícula a cuadricula,

desdibujando sus escaques color grafito,

agrisando los blancos; era aquél,

un cielo contradictorio y colérico.

Busqué refugio en una plazuela,

allí también  mercaba el cielo.

Cuadrícula, vértice de cuadrículas

bajo un damero de plumbagina:

¡Merca, aquí se merca! Gritaban.

En las plazas se merca antiguo.

Entré en un anticuario, rebusqué

en el pasado que pautaba mi periplo.

Esfuerzo baldío, porque yo mismo

era merca a sumar bajo un cielo

que emborronaba rastros,

mas también se los sugería

a alguien como a mí, que sólo poseía

un itinerario manipulado por un cielo

de viajero austral husmeando en su pasado.

Y éste, incitando tras el vidrio de un anticuario.

¡Ven! ¡San Telmo está en la tierra! Gritaban.

Y en la tierra, encerrado por un cielo desdibujado,

de nubes negras, y blancas, y grises,

aguarda el reloj del tiempo sin cielo,

el mismo que reordenará cuadrículas,

 y redibujará los escaques de grafito,

y rediseñará el patio de San Telmo, para que éste

muestre su novedosa merca; y así,

el pasado habrá liberado otro de sus rehenes.

Amparado por el cielo de San Telmo,

el anticuario merca conmigo un reloj.

CUADERNO AUSTRA (9):

Yo era un viajero austral…

9

cena en Palermo Viejo

(acomodo de viajero austral)

Yo era un viajero austral,

pero la música de mi país…

Sobre una mesa se prendió una lamparilla

que animaba a compartir.

Comé, bebé de lo de acá;

pero la música de mi país.

Y el vino, ya se sabe…,

prendió la lamparilla

que me hizo olvidar… Bueno…

Era el efecto del Viejo Palermo,

aunque la música de mi país

se guareciese tras aquel hambre,

voraz hambre necesitado de vino y sexo.

Y así supe, que aun borracho,

yo era un viajero austral… Pero,

¿qué importaba eso?

¿Qué importaba la música de mi país?

En la mesa se apagó la lamparilla,

Y se saciaron mis apetencias,

me faltaba el sueño

en mi primer día austral,

y sin la música de mi país…

Sí, Palermo Viejo me muñequeó.

cuaderno austral (8):

…no sé adonde, pero llegué.

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vagando en Palermo Viejo

(Atrapado, llevado, traído…)

…porque quizá permití que fuera así.

Las calles eran estrechas,

las edificaciones difusas, en cierto modo

difusas. Me vi envuelto por el gentío

de las tres cuadras de Palermo Viejo.

Rodeado de diversión; ya está,

me supe extraviado. Me compré un libro,

hablé con un taxista

que se las arregló para estafarme.

Rodeamos tres veces las tres cuadras,

mas al fin llegué, no sé adonde

pero llegué. Y entonces compré otro libro,

tal vez el mismo libro que, pensé,

jamás leería; por tercera vez se repitió todo,

y entonces (aunque no podría asegurarlo)…,

el caso es que sólo entonces percibí,

desdibujarse el dichoso taxi, las edificaciones…

Fui abandonado en algún lugar de las tres cuadras.

Y por fin abrí el libro, y me hallé en él,

atrapado, vagando en Palermo Viejo.