cuaderno austral (1):

1

ibidem

madrid–enero–buenos aires

(Retrospectiva; porque conlleva un abandono)

Me gustaba el invierno, el frío

cuando me embargaba la tristeza,

cuando el ánimo se me congelaba en las venas,

o cuando me acometía ese desasosiego

que conlleva aparejada la soledad.

Sentir el invierno es así de sencillo,

es, sirva la petulancia, saberse poeta,

ser aliado de la hipocondría, identificarse

con cierta estirpe que se extingue

y sobre todo, reconocerse un cobarde,

pero no de los que huyen, sino de los que se quedan.

Me hallaba en un lugar intermedio, entre el cielo

de Buenos Aires y Madrid. Pensé

que por lo tanto, lo mismo significaba huir

hacia uno u otro lado y que lo que se dijera

en el enero austral y respondiese en Madrid

me resultaría indiferente. Erré,

de pronto supe que antes me gustaba el invierno

pero ahora ya no, ahora era verano

y me sentía extraviado, o peor aún:

percibí, desconcertado, que ya me daba igual

que fuese mes de enero allí o acá.

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