cuaderno austral (10): san telmo y el reloj

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san telmo y el reloj

De pronto se precipitó el cielo;

como un damero desmenuzándose,

cuadrícula a cuadricula,

desdibujando sus escaques color grafito,

agrisando los blancos; era aquél,

un cielo contradictorio y colérico.

Busqué refugio en una plazuela,

allí también  mercaba el cielo.

Cuadrícula, vértice de cuadrículas

bajo un damero de plumbagina:

¡Merca, aquí se merca! Gritaban.

En las plazas se merca antiguo.

Entré en un anticuario, rebusqué

en el pasado que pautaba mi periplo.

Esfuerzo baldío, porque yo mismo

era merca a sumar bajo un cielo

que emborronaba rastros,

mas también se los sugería

a alguien como a mí, que sólo poseía

un itinerario manipulado por un cielo

de viajero austral husmeando en su pasado.

Y éste, incitando tras el vidrio de un anticuario.

¡Ven! ¡San Telmo está en la tierra! Gritaban.

Y en la tierra, encerrado por un cielo desdibujado,

de nubes negras, y blancas, y grises,

aguarda el reloj del tiempo sin cielo,

el mismo que reordenará cuadrículas,

 y redibujará los escaques de grafito,

y rediseñará el patio de San Telmo, para que éste

muestre su novedosa merca; y así,

el pasado habrá liberado otro de sus rehenes.

Amparado por el cielo de San Telmo,

el anticuario merca conmigo un reloj.

2 comentarios

  1. No, no compré el reloj, aunque me quedé con las ganas. Pero esa es otra historia que quizá escriba alguna vez.

    Salud.

    E.J.

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