cuaderno austral (25): última noche en Baires

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última noche en Baires

Fallar en el intento de sobrevivirme,

precipitarme sobre mí, expedito,

librarme de cualquier conciencia,

de un vago deseo: postrer, sorpresivo,

inesperado, agazapado a medio camino

entre lo distante y el instante;

sí, ahí justo me guarezco.

En mi huida, percibo entonces

excitar lo fantástico, aquello

que, ya se sabe, si es soñado

en éter queda; quimeras,

si a la ilusión corresponde,

despojos si del pasado proviene;

calibrado pues en su conjunto todo,

demediado de devenires, témome

ser víctima de la vicisitud.

Tal vez por ello, o por nada,

que también me sirve,

por absurdo, por insalubre,

por sentirme más que mácula

desleída vanidad, sinrazón

que en lo efímero se sustenta,

mero estertor de mi propia

desesperanza, mendigo de

una última noche en Baires…

Tal vez por ello, o por nada,

insisto, renuncio al sueño,

me encaramo a la ventana

de esta doscientos doce y

disfruto del trasiego puntual

de secretados transeúntes

que, discretos, van y vienen

a lo suyo, habitando; los envidio

 sólo porque se quedan, y yo no,

yo ya me voy. Por eso apuro

y me aferro a la nocturnidad.

Con la que ahora comparto éste

postrer intento por sobrevivirme,

en que naturalmente naufrago.

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