Encuentro en la posada del diablo

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Mi nombre todos lo conocen: Alonso Quijano. Estoy aquí, porque así me lo dicta el ánimo que me fue inculcado, cuando quien me creo depositó en mí los ideales del orden de caballería, que es la mayor justicia existente habida y por haber. Si no fuera por ello, jamás osaría hacer aparición ni de manera ficticia ni real en semejante lugar, vergüenza de la literatura, tugurio éste que es de la traición, de la suplantación, del yacer sin ton ni son…

Sí, aquí me encuentro directamente llegado de la primera parte de mi historia, con todo el vigor y furor intactos, deseoso de cruzar la espada con ese supuesto paladín de mis mismos ideales, que un tal Avellaneda no ha dudado en modelar a imagen y semejanza de quien les habla, el verdadero Don Quijote, hijo del ilustre Cervantes.

 

Y lo he hecho compareciendo en su propio terreno, en la Posada del Diablo que mi creador jamás nombró, ya que jamás viniera yo a pisar estas tierras de Alcalá. Pero sé que mi doble, ese sosias impostor sí lo va a hacer, en cuanto quien les habla haya terminado de afilar la espada y de paso al capítulo en que acude él, que no yo (disculpe lector por el retruécano), al referido antro.

Hago tiempo; pido al ventero que me oriente: deseo ir a Zaragoza, deseo tomar el camino que prolongue mi novela, la verdadera. Mas antes la he de librar de falsas continuaciones…

¡Quia! Escucho piafar un caballo. Alguien llega. ¡Pardiez, soy yo! Quiero decir ¡es él!… ¡Alto ahí! Grito. Desenvaino la espada y él me imita. La suerte está echada. Confiesa, le digo, ¿Quién es tu vil mentor, tu creador? Pero el otro no responde. Nos batiremos; la suerte está echada, que la historia juzgará nuestra lid.

 
Enrique Javier De Lara

1 opinión en “Encuentro en la posada del diablo”

  1. Bueno, tendremos que ver como continua la “lid” de estos dos ” caballeros”. Por mi parte, estoy terminando de leer la segunda parte, y tendré que comenzar la del Sr. Avellaneda.
    Me ha gustado tu aportación a la WiKinovela.

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