XENOFOBIA

De CCC (Cien Cortos cuentos).

V. “XENOFOBIA”

 

          Siendo joven, mi padre se fue a trabajar a Alemania. En su pueblo de España no había na. En Alemania, mi padre trabajó como un burro. Yo nací allí y de allí decidí volver a mis orígenes con intención de no abandonarlos jamás; solo regresaría a Alemania para visitar a los amigos. Por lo visto, mi padre dijo algo parecido, cuando se vio obligado a marchar de su país para no pasar calamidades.

Mi padre me había inculcado cierto valor que consideraba fundamental, un distintivo de nobleza; decía, de nuestro terruño de procedencia: “allí nunca se trataría a un inmigrante como a él y a otros compatriotas en ocasiones se los había tratado”; lo de la xenofobia no iba con nosotros, lo habíamos sufrido en nuestras propias carnes y por eso…

Cercano ya a mi destino, recién abandonaba la estación de tren, un par de muchachos marroquíes me abordaron: que si sabía cómo se llegaba a…; preguntaron. Precisamente pretendían desplazarse a mi pueblo, es decir, al pueblo de mis padres, adonde me dirigía yo. Aspiraban a trabajar en los invernaderos; en su país se decía que aquello de los invernaderos era una buena opción. Me ofrecí a llevarlos en el taxi que acababa de tomar. El taxista me puso mala cara, me preguntó que si llevaba dinero, le dije que sí. Aunque no pareció muy convencido arrancó el coche; en un arrebato de altanería le dije que esperase. Me apeé del vehículo e invité a los dos marroquíes a que me imitasen; tomamos otro taxi. Ellos; pensé cuando estábamos de camino, los muchachos marroquíes, iban en busca de futuro y yo también, aunque mi futuro partiese con ventaja, estaba previamente tamizado por un pasado conocido de oídas. Ellos, los muchachos marroquíes, querían echar raíces y yo reabonar las mías.

Me enteré de lo que estaba acaeciendo en la comarca bruscamente, cuando nos bajamos del taxi y entramos en aquel bar. Varios parroquianos, increpaban a voz en cuello la crónica inaudible del locutor televisivo. Un titular rezaba: “XENOFOBIA EN LOS INVERNADEROS”. Todos se nos quedaron mirando; de pronto a los parroquianos les dejó de interesar la televisión, el locutor y la noticia. Enseguida, uno nos amenazó puño en alto: que cómo teníamos tanto morro de meternos allí; dijo, en su propia casa, en un local reservado a los amos de aquella tierra, donde ningún moro asqueroso estaba autorizado a poner sus pies.

Cuando recobré la conciencia me dolía todo el cuerpo. Una amable enfermera de color, negro, me dijo que me hallaba en el Hospital Provincial, que no tenía nada grave, alguna costilla rota quizá; por prudencia habría que esperar a las radiografías. Cierto tipo de traumas pueden permanecer indetectables, pero latentes, y si no se tratan de manera adecuada…

4 opiniones en “XENOFOBIA”

  1. Señor Enrique, esta claro que ese trauma no se trató de forma adecuada, porque ha generado una dolencía generalizada que dudo mucho tenga cura a corto plazo.

    Como siempre un relato magnifico y desagraciadamente real.

    Un abrazo

    1. Buenos días Pura.

      Una vez subsanados (en principio) los problemas que generan los “spam” y con nula colaboración del servidor, aquí medio estoy de nuevo. Amenazo con seguir subiendo “mis cosillas”.
      Gracias.
      E.J.

  2. Hola primo,como siempre cruel y cruda realidad plasmada en un relato bien escrito,fuera de ello,deseo y estoy convencida que el ser humano cada uno es de su padre y madre,es decir,hay de todo,lo que predomina por la maldad en si es hablar del”bicho malo” menos mal que hay mucha y buena gente pero silenciosa….

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