De CCC: VI. FUMATA BLANCA, O QUÉ MALO ES EL TABACO.

–¡Venga, anímate! Tienes que probarlo –me dijo Rufus en un tono que más bien parecía orden.

Hice un primer intento, lo admito, pero mis sentidos, por llamarlo de alguna manera, me decían que aquella no era la opción correcta, sólo acertaba a percibir el calor del tabaco en combustión dentro de la cazoleta y ello no auguraba buen presagio; me dije: las imprevisibles consecuencias no compensarán, seguro. Aun así volví a probar pero… Nada de aroma y, por supuesto, nada de sabor.

–¡Esto es una locura, Rufus! –protesté confuso y malhumorado.

A continuación quise exponerle de una manera convincente, los motivos por los que no debíamos inmiscuirnos en semejante peripecia, pero él estaba obcecado. Insistió:

–¿Qué pasa, te achantas?

–Sí.

–¡Antes y ahora, siempre fuiste un cobardica! ¡Vamos! tienes que probarlo, será como fumarse un pitillo a escondidas de la conciencia, o si lo prefieres, tómatelo como si actuáramos de intermediarios entre el embajador de los hombres y Dios, una “fumata blanca”. Nuestra condición lo hará más intenso, estoy seguro, somos unos privilegiados, ni en vida podrías haber soñado lo que sucederá cuando…

No acabó la frase. Sin más, presto, Rufus se puso manos a la obra, y de inmediato sucedió lo que me había temido, asistí a su degradación; su presencia (por volver a denominar de alguna manera lo innombrable) se fue haciendo más y más débil, y enseguida volátil, y luego ni eso.

–No, no puedo –balbucí horrorizado, sin acertar a ubicar a Rufus. –¿Rufus, dónde estás?

Su temeridad lo había llevado demasiado lejos, asimilado por el hilacho de la columna de humo, pronto acabó diluido en la atmósfera. Y para colmo, aquel individuo de la pipa con el que habíamos jugueteado, como incomodado por un algo que no acertaba a explicarse y que yo ligué a una de esas intuiciones que de vez en cuando asaltan a los mortales, se puso a golpetear nervioso la cazoleta con la palma de su mano, hasta arrojar al suelo los últimos rescoldos del tabaco en combustión que había estado fumando. Luego, meticuloso, el individuo pisoteó los restos y entonces yo, aprovechando la postrer y efímera ráfaga de calor, me dejé ascender impulsado por la corriente térmica; ya no tenía nada que hacer en semejante lugar.

Mientras me alejaba del suelo, creí encontrar una explicación al calamitoso anhelo de Rufus; pensé que aquél, escondía algún tipo de correlación con la materialidad que un día tuvimos. Y la realidad, mi realidad de ahora, era bien distinta, de ahí la conveniencia de no divagar demasiado, o de tentar a la fortuna, que en este caso se le parecía; me dije, puesto que nosotras, las ánimas, por el hecho de serlo, debíamos segregar de los hábitos cotidianos cuanto estuviera relacionado con ciertos placeres terrenales. Y aquellas osadas que quebrantaran las normas, ya no es que estuvieran condenadas al fracaso, sino que previsiblemente acabarían en el limbo.

6 opiniones en “De CCC: VI. FUMATA BLANCA, O QUÉ MALO ES EL TABACO.”

  1. Enrique, empezamos fuerte el año. No sé si esta nueva “entrada” tiene que ver con los nuevos propositos para el año que entra ( permiteme la redundancía) como es mantener a flote este blog o dejar de fumar ( como es mi caso) u otros… en cualquier caso,” buena entrada” y muy venturoso dos mil dieciocho.

    1. Hola PVJ.
      Dos buenos y esforzados intentos los de mantenerse a flote cada cual sujetando su vela, nunca mejor cogida por los pelos la correlación marina. En fin, que sí, que hay que seguir haciendo (y no haciendo) cosas. Por mi parte, confirmar que amenazo con bracear incansable para no hundirme en mi particular mar, sirva de aviso, porque he puesto en movimiento a los marines anfibios de mis letrillas y un poco más allá, cuando nos adentremos en el año marino, a ver si puedo colocar parte de mi escuadra naval.
      Feliz Año y felices letras escritas o leídas.

      E.J.

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