Cien Cortos Cuentos: XIV. EL OLOR DE LOS PEPINOS

 

          Ya es verano. Mi hermano José y yo nos apresuramos, merienda en mano, pan con chocolate, camino del prado. Hoy ha sido el último día de colegio. Nuestros amigos Pablo y Santiago nos esperan allí, en el prado. Pablo es el mayor de todos, acaba de cumplir nueve años.

El riacho, recrecido este año por las lluvias, envalentonado, juega a emular a los grandes. Se ha desbordado y corre revoltoso entre las abigarradas junqueras de la ribera. El suelo está tupido por un manto de tréboles.

 

Como si de un acto rutinario se tratara, una vez juntos, los cuatro nos desnudamos hasta quedarnos en ropa interior. Y es justo entonces, cuando una fuerza desconocida nos posee empujándonos a correr y saltar sin parar en un ritual desaforado que ya hemos experimentado antes, que intuimos algo así como un mensaje atávico de no sabemos explicar qué. Solo Pablo se atreve a emitir un juicio, afirma que lo que nos pasa tiene que ver con el “gusto” que sienten los mayores cuando… Todos asentimos porque ninguno acierta a comprender en qué consiste eso del “gusto cuando…”

 

Cae la tarde. El sol oblicuo tremola sobre los enveses plateados de las hojas de los chopos. Agotados de corretear y saltar nos tumbamos boca arriba sobre el manto de tréboles, entonces mi hermano, con voz jadeante, dice que le huele a pepinos. Racional, Santiago replica que habrá algún huerto cercano. Pablo sentencia que no, que éste es el olor del verano. Yo dejo clavada la mirada en el cielo azul. La brisa fresca de la tarde sobre nuestra piel nos unge efectivamente de olor a pepinos, y el instante se me queda clavado a la razón como un hito, un recordatorio de los que jamás se olvidan.

4 opiniones en “Cien Cortos Cuentos: XIV. EL OLOR DE LOS PEPINOS”

    1. Gracias Pura.
      Yo también fui un niño de ciudad hasta que a los seis años mi padre nos llevó a vivir en un entorno rural, de allí me viene todos aquellos recuerdos en forma de olor, de sonido, de color… De higos a brevas, incluyo muchos… e imagino que a ti te habrá sucedido muchas veces eso de que pasas por un sitio y el olor te transporta a un recuerdo determinado; bien, pues el micro va de eso.
      Salud.
      E.J.

  1. Como siempre, más cuando hablas de la niñez , mi mente recrea esos años de vacaciones en el pueblo, que época más feliz, tienes la capacidad de leerte y no poder parar…

    1. Claro M.J. la niñez es esa maravillosa conquista que nos viene dada y que acabamos perdiendo, pero cuando los recuerdos son buenos (y hemos compartido unos cuantos en “ese pueblo”…) las emociones y lo más bello perdura. Habrá más como este y/o eso que ya sabes y más ambicioso en que un siglo de estos me pondré a trabajar.
      Besos.
      E.J.

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