HOTEL DEL AMOR

1.

AMOR SIN AMOR

No te escribiré versos de amor, lo juro.
No perseguiré tu rastro en el atardecer,
ni pasearé por calles. No entraré en bares,
no esperaré tu llegada ni añoraré tu partida.

No desvestiré tu memoria, no y no.
No te seré infiel (tampoco fiel), simplemente
no te seré nada; lo digo, proclamo y
por si acaso insisto: no te amaré.

Jamás te lo habían dicho antes ¿verdad?
(jamás se lo había dicho a nadie)
que te amarían aún antes de jurarte
la tontería esa que te he jurado yo,
lo de los versos de amor,
lo del atardecer, lo de los bares, las calles…

No, no sé escribir versos de amor.

 

2.

HOTEL DEL AMOR

Habitación trescientos trece,
sube el ascensor,
hotel del amor.
Hotel Continental, follamos sin amor.
Otros se aman en la trescientos quince,
en la trescientos once, en la…

Te quise amar,
nunca follaremos por amor.
Baja el ascensor,
nunca follaremos por amor,
nunca…

 

3.

NORTE

Me gustaría llevarte al norte,
alejarte de la aprensión,
apartarte de los recelos,
aproximarte a nosotros,
al sur del pasado, al norte
de lo que tengamos que ser.

¿Tengamos? Mejor tuviéramos.
Tengamos es arrogar, es afirmar,
tuviéramos es suponer, nos supone.
Concluyo pues, mejor así, que sí,
que probablemente yo te querría, pero
y ¿tú?

Nunca me lo vas a decir ¿verdad?
Que te gustaría ser transportada al norte,
a ese hipotético y épico
punto magnético, donde estemos juntos,
sí, cerca de nosotros dos.

 

4.

HABITACIÓN DE HOTEL

Habitación de hotel,
camas separadas,
una toalla seca y otra empapada,
un vaso afuera del celofán,
en la ducha restos de semen y de jabón.
Me asomo a la ventana,
llaman a la puerta,
desayuno para dos; sólo estoy yo.
No, que ya no quedan
individuales en el hotel.

Habitación de hotel,
doble habitación de hotel.
¿Qué fue de nosotros
desde aquella, la última vez?
Me asomo a la ventana,
cruzas la calzada que separa
las camas de nuestra habitación.
Llaman a la puerta,
camas separadas,
que vienen a llevarse el desamor.

 

5.

MENSAJE

Dejé el mensaje guardado en un cajón,
devuelvo la llave de la habitación:
Trescientos trece, recepción,
es noche otra vez,
perdido, perdido…,
adónde… Es volver.
¿Le faltará el contenido
al mensaje que dejé?
Me falta la razón,
Me faltas tú.

Choco de bruces con el anochecer,
no quiero volver,
no vas a volver; así sucede.
No me esperan cartas en recepción,
trescientos trece,
en el cajón recupero
el mensaje que te dejé.
Dudo entre beber, llorar o…
Todo sin ti.
Rebusco en otro cajón,
hallo un olvido, tu ropa interior,
rompo el mensaje que te dejé:
me excito, imagino, masturbo
y te amo.

 

6.

BAR DE HOTEL

Busco en el bar del hotel;
me encuentra una puta
y un camarero que es maricón,
ambos me ofrecen placer,
apuro una copa,
no quiero follar sin amor,
se lo digo a los dos,
se ríen de mí,
entra una sombra en el ascensor,
dejo el dinero de la consumición,
corro a tu encuentro,
subo escaleras, atajo distancias,
rastros de añeja pasión.
Abro la puerta de mi habitación,
al final del pasillo se cerró el ascensor.
Flamígera sombra, tafetán que ondulas,
mano que agita mi turbación,
mano de adiós.
Busco en el bar del hotel,
tomo una copa con una puta
y con un maricón,
les propongo placer; sí, con los dos.

 

7.

GEOGRAFÍA DEL AMOR I

Cómo será el tacto de tu piel,
cortejarte con aquél, el único fin
de hallarte postrada a los pies
de los dioses que gobiernan
la geografía de tu anatomía;
sin concesión, sin apostura.

Cómo el cabalgar lo venusino,
descender hasta tus pies,
trepar a las axilas, saborear un rastro,
acariciar la yema de tus dedos.
Y el brillo cristalino de esos ojos
¿qué me dirán? ¿consentirán?

Dejo aparcados dioses y geografías.
Pero…
El tacto de tu piel ¿cómo será?

 

8.

GEOGRAFÍA DEL AMOR II

La puerta de la habitación,
antesala blanca de tu piel,
luego un angosto pasillo,
a la izquierda el lavabo:
tu faz que se contempla en un espejo,
tu boca se enjuaga, escupe pesadillas,
detrás me veo; te observo:
cuan calmo placer,
me hallo en tus ojos,
sorprendidos, metódicos,
procaz mirada, regular parpadeo
que ofertan y acepto. Pero, súbitamente
tu mirar se hace abstruso y…
A la derecha, la estancia,
devora un lienzo flamenco
y en él, no lo dudo, se te imita;
sí, otra vez tu piel, y al lado
yo, sí también me veo,
y siento, ¡Sí, sí, también!:
me apoyo en la almohada,
me aferro al dosel, te ansío
en la cama, en el sueño… el placer.
Ventanas que calcan las luces de afuera,
espadas brillantes de oblicuos aceros,
zapatos de vidrio que quiebran tus pies,
flotando han dejado un rastro de piel.
Transito una senda:
que me orienta, que no alcanzo,
que me guía, que me ofusca,
que sólo me pertenece a mí,
es mi geografía del amor.

 

9.

FINAL DE CIELO

En el final del cielo
un punto de luz, una estrella:
te admiro. Y entonces los ojos
-te sueño- se cierran.
En mi habitación sucede,
sobre las ajadas sábanas
de este lugar ajeno, de esta
iconoclasta trescientos trece;
que soy un indocumentado
debajo de un cielo
que huele a ausencia, a cieno,
a colchón meado y follado y
jurado y torturado incluso,
pero también amado.
Sí, yo te hubiera amado,
pero ahora solo me queda
un punto de luz, una estrella,
un final de cielo,
y ya no me restan fuerzas
para nada más.
Te admiro, te sueño.

 

10.

ANIVERSARIO

Si no negaras, pensaría: sueña;
que tampoco a imaginar me induces,
por brillantes que puedan ser las luces
con las cuales pretendes ser mi dueña.

Más sea por eso, porque así lo dices,
que aquellas, tus pasiones, mal digiero,
que a la suave caricia, yo prefiero
el embeleso, purgatorio de infelices.

Que me dejes, suplico por lo tanto,
celebrar solitario aniversario,
aguardar amparado por el manto,

que resguarda a este corsario
desterrado por osar a tus encantos;
exceso de fervor es mi sudario.

 

11.

CIEN TRISTES CIELOS.

En cien tristes cielos
se descomponen los instantes
de nuestra pasión; los ordeno,
los clasifico por intensidad y emoción,
me entretiene hacerlo, aclara mi razón.
Luego, cuando los tengo así, organizados,
son como los lugares de este hotel:
habitaciones pares e impares,
buenos y malos momentos,
un poco de emoción, algo de sexo,
promesas, compromisos…
¡Nada! En realidad y ahora, el instante
se asemeja a este o aquel alfeizar,
desde el que contemplo ensimismado
tras la ventana de mi trescientos trece;
estrecho ámbito, punto de partida,
impar ubicación de inmigrantes.
Eso y la enfermiza obsesión por el pasado.
Porque ya eres pasado, te descompongo,
así de sencillo, desnudado soy de ti,
de los cien tristes cielos
que sobre nosotros fueron arriostrados.
Sólo me queda un barrunto de memoria,
que dice: ¡te amé!
Sí, eso también.

 

12.

PARTIDA.

He dejado la entrada entornada
y arrumbado los restos compartidos
en nuestra habitación; los restos de la nada,
que luego he ido esparciendo
a lo largo del pasillo,
que conduce adonde baja
la escalera del adiós.

Suena el tono de un teléfono;
pienso: en algún lugar alguien desea.
Por última vez, recepción;
queda la llave, entregada, en su casilla,
quedan también cartas sin abrir.
Es para mí, fantaseo, la llamada
es para mí. Y las cartas…

Pago, me voy, alguien aguarda
en la salida, puerta giratoria,
esa puerta que no se detiene jamás,
y ese alguien, desconcertado, no acierta
a ofertarme una mirada, una palabra,
una señal, un simple: ¿estás ahí?
que nos detenga a la puerta y a mí.

Es mi partida, no persigo;
y deseo decírselo a ese alguien,
que no mendigo vaguedades.
La puerta giratoria que da vueltas,
sin cesar. Las puertas giratorias
que expulsan los porqués,
o que los rescatan en el último momento.

Por lo tanto, ahora sé que no decido,
que no hay entonces. Y no pretendo
darte alcance. Especulo: ya no cabe,
no procede, ya me he ido…
Y sin embargo, al cruzarse nuestros ojos,
en las hojas giratorias de cristal,
lo he gritado ¡Sí! al pasar,
que por pasar ya fuimos.

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