poemas no escogidos

A LA DIOSA ASTARTÉ

Para qué me sirven las manos
si no es para utilizarlas contigo.
Estas manos exploradoras, indagadoras
de tu piel, recorredoras de tu cuerpo.
Tu cuerpo de diosa modelado
por mis manos egoístas, que al tocarte,
hacen de tu ser un cuerpo compartido,
a través del deseo que transmite a mis manos
el deseo que te procuro con mis manos.

Las insto a entretenerse, a mis manos,
con todo aquello de lo que tu divino ser
se apropia; insto a que se impregnen de tu sudor,
a que arrastren impurezas olvidadas:
un reguero de carmín desdibujado,
un flujo esmaltado en tu epidermis,
restos impúdicos de amor abandonado,
mies recolectada; por mis manos.

Te hago mía, te doy mis manos
e imploro, aunque no te lo diga,
que también deseo tus manos,
sí, que en sentido inverso repitan
todo aquello en que se aventuran mis manos,
hasta que por fin suceda ¡claro!
que tus manos se encuentren con mis manos.

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