UNA INTERVENCIÓN DECISIVA

Se me vino a la cabeza la famosa frase: alea iacta est. Sí, era mi turno. El profesor titular de cirugía, el que nos evaluaba a todos, tenía fama de implacable, cualquier equívoco y el aspirante a cirujano podía dedicarse a la fontanería o a trabajar en un bar. El enfermero y el anestesista ya me esperaban enguantados y con las mascarillas tapando sus bocas. Se me explicó brevemente que se trataba de una urgencia, el paciente había entrado hacia unos minutos; apendicitis aguda. Debíamos comenzar de inmediato. Me acometió el pánico. El profesor titular que debía dirigir la intervención y evaluarme no aparecía, se lo hice notar a mis acompañantes. El enfermero se encogió de hombros y puso el bisturí sobre mi mano. Respiré hondo. El pulso me tembló, abrí trazando de manera involuntaria una ligera curva (que luego incluso gustó).
La operación resultó más sencilla de lo esperado, acabé pronto, el enfermero y el anestesista me felicitaron. Sólo entonces alcancé a escuchar el jolgorio desde arriba del lucernario. Pensé que mis compañeros celebraban divertidos el éxito de la intervención, hasta que uno señaló el calendario, día de los inocentes, y otro, irrumpiendo en el quirófano, descubrió la cara del paciente.

4 opiniones en “UNA INTERVENCIÓN DECISIVA”

  1. ¿ Cuando voy a empezar a cobrar por los comentarios?

    Este me parece bueno, y con final abierto…

  2. Joe Pura. Queres cobrar la leche antes de ordeñar la vaca.
    Gracias.

    E.J.

  3. Pues sí M, eso parece, al cirujano jefe que lo iba a evaluar. Dejo a la imaginación del lector las distintas posibilidades y variantes del acontecimiento; hay unas cuantas…
    Saludos.
    E.J.

Deja tu opinión, siempre sirve.