Encuentro en la posada del diablo

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Mi nombre todos lo conocen: Alonso Quijano. Estoy aquí, porque así me lo dicta el ánimo que me fue inculcado, cuando quien me creo depositó en mí los ideales del orden de caballería, que es la mayor justicia existente habida y por haber. Si no fuera por ello, jamás osaría hacer aparición ni de manera ficticia ni real en semejante lugar, vergüenza de la literatura, tugurio éste que es de la traición, de la suplantación, del yacer sin ton ni son…

Sí, aquí me encuentro directamente llegado de la primera parte de mi historia, con todo el vigor y furor intactos, deseoso de cruzar la espada con ese supuesto paladín de mis mismos ideales, que un tal Avellaneda no ha dudado en modelar a imagen y semejanza de quien les habla, el verdadero Don Quijote, hijo del ilustre Cervantes.

 

Y lo he hecho compareciendo en su propio terreno, en la Posada del Diablo que mi creador jamás nombró, ya que jamás viniera yo a pisar estas tierras de Alcalá. Pero sé que mi doble, ese sosias impostor sí lo va a hacer, en cuanto quien les habla haya terminado de afilar la espada y de paso al capítulo en que acude él, que no yo (disculpe lector por el retruécano), al referido antro.

Hago tiempo; pido al ventero que me oriente: deseo ir a Zaragoza, deseo tomar el camino que prolongue mi novela, la verdadera. Mas antes la he de librar de falsas continuaciones…

¡Quia! Escucho piafar un caballo. Alguien llega. ¡Pardiez, soy yo! Quiero decir ¡es él!… ¡Alto ahí! Grito. Desenvaino la espada y él me imita. La suerte está echada. Confiesa, le digo, ¿Quién es tu vil mentor, tu creador? Pero el otro no responde. Nos batiremos; la suerte está echada, que la historia juzgará nuestra lid.

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LA BELLA LUSCINDA BUSCA A SU AMADO

La Bella Luscinda Busca a su Amado

Narrativa

Cuenta en su relato Cide Hamete Benengeli, que la bella Luscinda, hija de un acomodado señor andaluz, tenía su amor entregado al que desde la infancia jurase fidelidad (y él a ella). Cardenio (personaje aparecido en esta “wikinovela” que los sucesivos ejes argumentales aclararán si se trata de la misma persona), que tal era el nombre del amado de Luscinda, fue traicionado por aquel a quien servía, y que él creía mejor amigo, cuando de manera artera le robó a su amada para casarse con ella. Perdida la cordura, Cardenio se echó al monte y vino a vivir como un salvaje en Sierra Morena, donde se topó con el famoso caballero de La triste Figura a quién contaría parte de su tragedia.

 

Entre tanto, Luscinda, a punto de ser desposada por el fementido amigo, Fernando se llamaba, huyó para refugiarse en un monasterio donde, entre otras cosas, se dio a la lectura de libros de caballería; fue entonces cuando cayó en sus manos cierta novela que ¡Oh, maravilla! refería una cuita que parecíase tanto a la suya, que incluso en los nombres coincidía. Su hilo conductor, venía a ser aquel caballero llamado de la Triste Figura y como quiera que la poca atención, o lo que fuera, le llevase a emplearse en la lectura de un segundo volumen que narraba nuevas aventuras del mencionado hidalgo, asegurando que podría hallarse éste en cierta posada situada a media legua de la cuesta de Zulema, junto a las riberas del Henares, río que pasa por Alcalá, Luscinda apresuró llegarse a dicho lugar, que era conocido como la Posada del Diablo. Y allí, ocurrió lo que sigue con un misterioso personaje entrado en años, lisiado del brazo izquierdo para más señas, que sentado a una mesa y afanado en la escritura, oyéndola pronunciar el nombre del caballero apartó a un lado pluma y papel y se dirigió a Luscinda en los siguientes términos:

 

–Señora confundís la venta por confundir la lectura.

–No os entiendo señor ¿Qué queréis decir?

–Quiero decir que conozco al Caballero de la Triste Figura, para más señas Alonso Quijano, y también sé que el tal caballero en sus andanzas visitará tres ventas, dos ya nombradas en la primera parte y una que lo será en la segunda, concretamente en el capítulo veinticuatro. Me temo que se os ha dado en leer esa falsa historia que anda por ahí confundiendo a propios y extraños…

–¿Y quién sois vos que tanto parecéis saber de todo? Y de hallarlo donde decís ¿Podrá darme Alonso Quijano razones de mi amado?

–Podrá –afirmó el lisiado que en aquel instante, viendo que entraba alguien a quien por lo visto parecía esperar gritó:

–¡A vos estaba aguardando, Avellaneda!

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MIS VECINOS Y OTRAS GENTES DE MAL VIVIR

Hace unos años, entre proyecto y proyecto, escribí uno de esos textos que yo llamo “de entrenamiento”. MIS VECINOS Y OTRAS GENTES DE MAL VIVIR, que así se llama el relato en cuestión, está dividido en quince capítulos que iré subiendo en la sección por entregas. Espero arrancar alguna sonrisa (si es carcajada mejor) y hacer pasar un buen rato a los lectores.

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A OTRO HOMBRE

A OTRO HOMBRE

RELATO PUBLICADO POR LA REVISTA BARCAROLA QUE APARECE EN SU NÚMERO 79-80 en mayo de 2013.

Mi vida nunca tuvo eso que se puede definir como grandes emociones; por no tener no ha tenido ni alegrías propiamente dichas; tampoco tristezas. Mi vida es una situación que me ha venido dada, una inconcreción, una abstracción que no me despierta esa gratitud que, gracias al código genético, se supone debiera haber heredado; no, jamás he sentido algo semejante a la gratitud y espero no llegar a sentirlo.

No he conocido a mis padres y, que yo sepa, tampoco he sido querido o amado por alguien; por lo tanto, carezco de otro supuesto sentimiento atribuible a las personas: el de la correspondencia afectiva. No tener familia es una ventaja; es librarse de cargas que con frecuencia resultan incómodas.

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AMALUBA

AMALUBA

3º CLASIFICADO EN “LA VENTANA INVENTADA”. 1er. PREMIO “LO VIVES, LO CUENTAS” DE RELATOS SOLIDARIOS DE LA FUNDACIÓN JUAN BONALD 2009.

“A Miguelito, que andará por allí…”

Han transcurrido dos meses desde mi incorporación al proyecto. Nuestra misión pretende prestar cobertura sanitaria a la región. Ambicioso y optimista objetivo con el que afrontamos el día a día, pues tan solo somos dos médicos, cuatro enfermeras y diez monjas para doscientos kilómetros cuadrados…

Suena el despertador. Todavía es de noche. Percibo a las criaturas del bosque ahí, merodeando cerca de los chamizos y barracones que hacen las veces de campamento base. Las dependencias se encuentran lo suficientemente separadas unas de otras, como para que en el trayecto al cuarto de baño o a cualquier otra edificación (el término es generoso, ya digo), te puedas encontrar desde una víbora tan mortal como insignificante, hasta con la rata que aquella acaba de morder, una mangosta oportunista, o incluso un búfalo despistado. Entonces te refugias en el retrete o la cocina para hallar un camaleón enroscado en la botella del agua potable, una cucaracha del tamaño de una zapatilla flotando en el fondo de la letrina…

¡Esto es África! Dice Jones, el otro médico; me digo insuflándome ánimos, cada vez que me topo con cualquier animalito singular que me mira con ojillos maliciosos.

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¿PAPÁ, INDURAIN EXISTE?

 

VUELTA A LA SULTANA

miércoles, 11 de diciembre de 2013

 

¿PAPÁ, INDURAIN EXISTE?

Ocurrió durante una de tantas crisis económicas. Por entonces, me hallaba sumido en la ingente tarea de sacar adelante a mi recién constituida familia y la cosa no me iba precisamente bien; añadir que la familia la componíamos mi compañera, nuestras dos pequeñas hijas, una gata y yo. Soy de esa generación de españoles (a lo peor demasiados españoles somos de “esa generación”), a la que le tocó en suerte buscarse el sustento cuando peor pintaba la cosa, o como mínimo, cuando la cosa pintaba mal, bastante mal, pintaba tan mal como lo han sido, pintados, nunca mejor dicho, esos cuadros abstractos cuyo autor nos exige ver lo que sólo él ve, o lo que los demás no somos capaces de ver, que para el caso es lo mismo.

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De los antípodas, antecos y periecos.

De los antípodas, antecos y periecos

Aunque generalmente de talla mediana, los antípodas son individuos que pueden llegar a ser muy altos, o muy bajos, o hallarse literalmente en las antípodas de lo que ellos mismos creen ser, o desearían…, fantasean ser… Sí, intentar compendiar respecto a los antípodas supone un reto, ya que entre ellos abundan los negociantes, los estrategas, los políticos y cuantos ambicionan cualquier forma de liderazgo.

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